En el presente
trabajo se mostrará el contexto histórico donde tuvo lugar la Constitución
española de 1812, las características de la sociedad en aquella época y, por
último, la importancia que esta Constitución dio a la Educación gracias a las
ideas ilustradas.
La Constitución de 1812 es
uno de los textos jurídicos más importantes del Estado español que ha servido
para sentar las bases de constituciones posteriores. Fue promulgada en Cádiz el
19 de Marzo de 1812, día de la festividad de San José, por lo que popularmente
fue conocida como “La Pepa”.
CONTEXTO HISTÓRICO.
Entre
1808 y 1812 en España y sus territorios, tuvieron lugar una serie de relevantes
hechos históricos.
El
primero de ellos fue la Guerra de la Independencia, en la que el pueblo español
se levantó contra la ocupación francesa. El segundo consistió en la celebración
de las Cortes de Cádiz y la elaboración de la primera Constitución española,
donde se reconocen los derechos y libertades individuales. El tercero, la
independencia de los territorios españoles en América, se puede considerar el
acontecimiento más importante del siglo, ya que con esta pérdida, España pasó a
ser una potencia de segundo orden después de haber constituido un imperio de
carácter mundial.
La
Guerra de la Independencia fue un conflicto armado que tuvo lugar ante la
invasión de España por parte de Francia, al frente de cuyo ejército se
encontraba su emperador, Napoleón Bonaparte. La contienda se desarrolló en un
contexto de grandes cambios sociales y políticos, y en ella fue esencial la
participación del pueblo, que se sublevó contra la ocupación de un ejército
extranjero, a la vez que manifestaba su descontento con el rey Carlos IV. Sus
consecuencias fueron muy graves, ya que se produjo un importante descenso
demográfico y una crisis económica global.
Durante
esta guerra se puso por primera vez en marcha el sistema de las
"guerrillas". A falta de un gran ejército nacional con que combatir
al enemigo, el pueblo se organizaba en pequeños grupos locales que hostigaban
al ejército francés en zonas como bosques o montes, disolviéndose
inmediatamente una vez cumplido su objetivo.
En
las diversas regiones españolas surgieron las Juntas, órganos de gobierno
formados por intelectuales y políticos encargados de la organización del país
durante la guerra. Por su situación geográfica, Andalucía se convirtió en el
principal foco de resistencia nacional tras la capitulación de Madrid. Después
de Sevilla, Cádiz acogerá la Junta Suprema Central.
En
Cádiz se refugiaron los representantes de la nación española, quienes
convocaron unas Cortes encargadas de promulgar un cuerpo legislativo que
pusiera fin al Antiguo Régimen, y sobre el que fundar un nuevo orden social.
Los
trabajos de esta asamblea culminaron con la proclamación de la primera Constitución
española, el 19 de marzo de 1812. Esta Carta Magna, avanzada para su época, se
basa en el principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley, y reconoce los
derechos individuales (por ejemplo, el derecho a la educación, a la libertad o
a la propiedad).
Además,
instaura la separación de poderes y la soberanía nacional, mediante la cual los
ciudadanos ejercen el poder a través de sus representantes, acotándose así las
atribuciones de la monarquía.
La
independencia de las colonias españolas en América se desarrolló a través de
diversas guerras, al término de las cuales un gran número de territorios que
pertenecían a España se emanciparon de ella, dando lugar a repúblicas
independientes.
En
su origen está el deseo de tomar el poder que manifestaban las minorías cultas
criollas, formadas por americanos descendientes de españoles que se vieron
influidos por las nuevas ideas liberales que recorrían el mundo. También hay
que tener en cuenta la crisis política y económica que afectaba a España, que
mermó su capacidad de reacción.
Las
guerras de independencia hispano-americana tuvieron un doble carácter: por un
lado, internacional (ya que enfrentaban a España con otras naciones), y por
otro, civil, pues dentro de las naciones americanas lucharon los independentistas
contra los partidarios de la monarquía española.
En
1808 tuvo lugar en México el primer levantamiento, a partir del cual se
sucedieron otras revueltas en la mayoría de las colonias americanas, que
establecieron Juntas de autogobierno.
En
todo el proceso tuvieron un papel destacado los "libertadores" o
"padres de la patria", líderes político-militares, entre los que
destacan el venezolano Simón Bolívar o el argentino José de San Martín.
SOCIEDAD
ESPAÑOLA DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX.
Por
un lado nos encontramos el crecimiento
demográfico que se dio en España al comenzar este siglo.
En
el primer tercio del siglo produce un lento crecimiento de la población,
provocado por: el cultivo de nuevas tierras, el despegue industrial, cierta
estabilidad política y aplicación de medidas médicas e higiénicas. Pero este
crecimiento se produce más por avances médicos que por las transformaciones
económicas, dando lugar a un desequilibrio entre población y recursos que serán
los causantes de episodios de emigración y tensión social.
A
partir de 1830 tendremos más población, al aumentar los matrimonios, disminuir
la emigración (emancipación de las colonias), nuevas posibilidades económicas y
reducción de la mortalidad. Sin embargo las tasas de natalidad y mortalidad,
comparadas con las europeas, siguen siendo muy elevadas: la primera, por la
mentalidad, creencias, atraso cultural, necesidad, etc.; y la segunda debido a
sucesivas crisis agrícolas, a la elevada mortalidad infantil y a las epidemias.
El crecimiento fue mayor en la periferia,
disminuyendo en el interior, lo que da lugar a una desigual distribución
demográfica.
Con
respecto a las migraciones en el siglo XIX, tuvieron gran incidencia sobre lo
dicho antes. Como es lógico, hay que distinguir entre:
•
Emigración interna, del campo a la ciudad: aunque había existido siempre, se
intensifican desde 1850.
•
La emigración externa: también se generaliza a mediados de siglo, ante la
permisividad del Gobierno.
Los
emigrantes son en su mayoría obreros manuales, comerciantes y algunos técnicos.
En
lo que se refiere al proceso de urbanización, las ciudades crecieron más que el
ámbito rural, debido a las migraciones, por lo que se origina un proceso de
urbanización positivo. A pesar de esto, aún existía mayor población rural que
urbana.
Además
de las grandes ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga,
Bilbao), desde mediados de siglo vuelven a recuperarse las capitales de
provincia, debido a varias causas: administración provincial, servicios, la
llegada del ferrocarril, industrias, comercio, etc.
Por otro lado es
importante destacar la estructura social.
Con la muerte de Fernando VII en 1833, se había iniciado el proceso hacia el
definitivo asentamiento del nuevo modelo de sociedad de clases.
El racionalismo
liberal considera a todos los hombres iguales en derechos y aspiraciones, pero sus
capacidades y actitudes determinan su lugar en la escala social. Mérito y
esfuerzo eran el nuevo criterio de estatus, cuya expresión es la propiedad, que
regula la participación política. Mérito y propiedad modificó el principio de
igualdad y excluyó de la participación política a la mayoría de los ciudadanos.
En cuanto a la
aristocracia, se destaca que la nobleza mantenía una vigencia social. La
mentalidad nobiliaria fue el motor de los movimientos ascensionales de la
burguesía. La nobleza, que carecía ahora de un estamento jurídico diferenciado,
era una élite asociada a la burguesía con un gran poder económico e influencia
política. El poder económico de la nobleza permanecía intacto. Esta nobleza fue
tratada con consideración por la nueva oligarquía liberal. Para ello necesitaba
que la nobleza fuera compatible con el nuevo modelo de la sociedad. De ahí que
volviera a asignarle su tradicional papel de ser puente y freno (a través del
Senado) entre el Congreso. En definitiva representante del pueblo, y la
monarquía.
Por otro lado se
encuentra la Iglesia, que aparecía como un elemento útil para el mantenimiento
del régimen político. Privada de buena parte de sus riquezas por la
desamortización, la Iglesia había perdido no sólo poder político y fuerza, sino
que, además, pasó a depender económicamente por completo del Estado, por lo que
optó por dedicarse solamente a lo espiritual. Su importancia fundamental será
su gran influencia social que sigue manteniendo sobre la población.
Relacionado al Ejército
de esta época, otro grupo del estrato superior, y de extraordinaria influencia,
fue el de los jefes militares. La victoria en la Guerra Civil les había
proporcionado seguridad en sí mismos y una desconfianza radical hacia los
políticos. Se sentían monárquicos constitucionales. Todo ello les llevó a
hacerse políticos y a participar en los gobiernos (“Régimen de los generales”)
hasta 1868. La clase media les aceptó
plenamente porque eran una garantía para la guarda de su propiedad. Por otra
parte, la misma unión de militares con la nobleza reforzaba aun más su poder.
En el penúltimo
escalón de la pirámide se encontraba la Burguesía. Isabel II pudo ganar la
guerra civil y asentarse en el trono gracias al apoyo de la nueva burguesía. Ésta
aprovechó la llamada de la Corona para ascender al poder y construir un Estado
a su medida (Estado liberal). La burguesía española no sólo desplazó a la
aristocracia como clase dominante, sino que se identificó con ella y aspiraba a
adquirir su rango y prerrogativas. Era una burguesía aristocratizante. Isabel
II concedió un enorme número de títulos nobiliarios.
Políticos,
funcionarios, propietarios agrícolas y empresarios industriales merecen ser
considerados en conjunto y prevalecía entre ellos el sentimiento común del
nosotros. Económica y socialmente estaban incluidos en los que los políticos
llamaban clase media, un concepto muy amplio que comprendía también a la baja
burguesía. Constituían tan sólo una parte de esa clase media, aunque principal.
El núcleo fundamental de este grupo lo constituían los dueños de medianos y
pequeños negocios. Existía una ausencia de una conciencia de clase media.
Por último se
encontraban las masas populares, donde se situaban los campesinos y proletarios.
Dentro de este grupo existían diferentes niveles o capas, que descendían hasta
llegar al proletariado. Después de su espectacular
participación en la Guerra de la Independencia, el elemento popular quedó
sumiso en un silencio que derivaba de la misma inmovilidad que le había
otorgado la ideología liberal. No formaba un todo unitario, sino que se
dividían en dos grupos diferentes: rural y urbano.
Influencia
de las ideas ilustradas en el concepto de la Educación de la Constitución de
1812.
La Ilustración es un
movimiento filosófico y cultural que nació en Inglaterra en el s. XVII y en
Francia desde principios del s. XVIII hasta el inicio de la Revolución
Francesa.
El pensamiento ilustrado
ejerció una influencia indudable en la Constitución de 1812 para realizar
reformas económicas y sociales. Principalmente, estos ilustrados se interesaron
por:
- La Reforma y la reactivación de la economía. Aquí se
destaca la mejora del sistema educativo.
- Crítica moderada de algunos
aspectos de la realidad social del país.
- Interés por las nuevas ideas políticas liberales,
aunque, en su mayor parte, no apoyaron planteamientos revolucionarios.
Durante este período se
crearon las principales Academias. Se establecieron la Real
Academia de la Lengua, Medicina, Historia, Bellas Artes de San Fernando, y,
junto a ellas, el Jardín Botánico y Gabinete de Historia Natural.
Como se ha dicho
anteriormente, la Ilustración ejerció gran influencia en la Constitución de
1812, destacando esta época por la importancia que se dio a la Educación.
La "Pepa" pasará a la historia por
ser la única constitución española que ha dedicado un título exclusivamente a
la Educación. Cuando las Cortes de Cádiz aprobaron el titulo IX de la
Constitución, dedicado a la instrucción pública, los diputados estaban
reconociendo su deuda con los hombres de la Ilustración. Aquí, como en tantos
otros aspectos de la Constitución de 1812, los liberales aparecen como
herederos de las ideas matrices de la Ilustración. En efecto, la fe en la
Educación básica común a todos los hombres, la conveniencia de la gratuidad
total de la instrucción elemental, la necesidad de un plan general de la
instrucción pública, son ideas que hombres como Jovellanos, Cabarrús o
Campomanes habían difundido con extraordinaria tenacidad por todo el territorio
nacional.
Aún cuando la fe en la fuerza transformadora
de la educación proviene de la herencia de la Ilustración, el papel de la
educación en la nueva sociedad liberal que se prepara, adquiere connotaciones
propias y relevantes. Los liberales, arraigados en la tradición progresista del
siglo XVIII español, tienen fe en el progreso, ligado ahora al desarrollo de la
instrucción. Pero al mismo tiempo tienen fe en la igualdad, que en el
liberalismo de la primera hora no es solo igualdad, sino fundamentalmente
igualdad ante las luces, igualdad ante la educación. De ahí que la instrucción,
tal y como la definiese el "Informe Quintana", de 1813, deba ser
universal , extensible a todos, pública
, abierta a todos los ciudadanos, gratuita, uniforme y libre.
Para los liberales de esta época, la
educación aparece, pues, no sólo como factor de progreso, sino también como
elemento básico del nuevo régimen político que nace. Son conscientes de que una
democracia estable sólo es posible si cuenta con una población educada para la
libertad, con una población básicamente instruida, conocedora de sus derechos y
de sus deberes, forjada en la difícil virtud de la convivencia y de la
tolerancia. Tal es la concepción que late en el dictamen que la comisión de
Instrucción Pública de las Cortes realizara en torno al primer proyecto
legislativo regulador de la educación:
"Sin educación, es en vano esperar la
mejora de las costumbres: y sin éstas son inútiles las mejores leyes,
pudiéndose quizás asegurar que las instituciones más libres, aquéllas que más
ensanche conceden a los derechos de los ciudadanos, y dan más influjo a la
Nación en los negocios públicos, son hasta peligrosas y nocivas, cuando falta
en ella razón práctica, por decirlo así, aquella voluntad ilustrada, don
exclusivo de los pueblos libres, y fruto también exclusivo de una recta
educación nacional. Con justicia, pues, nuestra Constitución política, obra
acabada de la sabiduría, miró la enseñanza de la juventud como el sostén y
apoyo de las nueva Instituciones; y al dedicar uno de sus postreros títulos al
importante objeto de la Instrucción pública, nos denotó bastantemente que ésta
debía ser el coronamiento de tan majestuoso edificio."
(Dictamen sobre el proyecto de Decreto de
arreglo general de la enseñanza pública, de 7 de marzo de 1814).
Dentro de esta concepción, los diputados
españoles trazarán el esquema básico del edificio educativo preconizado por los
nuevos tiempos. Siguiendo las pautas que marca Condorcet en sus famosas
"Memorias" sobre la instrucción pública, establecerán tres grados en
el proceso educativo: una primera enseñanza, de extrema importancia para la nación, una segunda enseñanza,
cuya ausencia es en sentir de
la Comisión la principal causa del atraso en que se halla la educación en
nuestra Monarquía; una tercera enseñanza que facultará para el ejercicio
profesional.
Por último, cabe destacar los artículos del
título XI de la instrucción pública que fueron mostrados en la Constitución de
1812:
Art. 366.
En todos los pueblos de la Monarquía se
establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer,
escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá
también una breve exposición de las obligaciones civiles.
Art. 367.
Asimismo se arreglará y creará el número
competente de Universidades y de otros establecimientos de instrucción que se
juzguen convenientes para la enseñanza de todas las ciencias, literatura y
bellas artes.
Art. 368.
El plan general de enseñanza será uniforme
en todo el Reino, debiendo explicarse la
Constitución política de la Monarquía en todas las Universidades y establecimientos literarios donde se
enseñen las ciencias eclesiásticas y políticas.
Art. 369.
Habrá una Dirección general de estudios,
compuesta de personas de conocida instrucción, a cuyo cargo estará, bajo la
autoridad del Gobierno, la inspección de la enseñanza pública.
Art. 370.
Las Cortes, por medio de planes y estatutos
especiales, arreglarán cuanto pertenezca al importante objeto de la instrucción
pública.
Art. 371.
Todos los españoles tienen libertad de
escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia,
revisión o aprobación alguna anterior a
la publicación, bajo las restricciones y responsabilidad que establezcan las
leyes.
CONCLUSIONES.
Gracias a las ideas de la Ilustración y la Constitución
española de 1812, la educación ha ido progresando a lo largo de estos años. En
el año 1812 la educación se centraba principalmente en alfabetizar a las
personas mientras que la de 1978 se interesa por el desarrollo de la
personalidad humana. Otro aspecto que se destaca es la libertad de enseñanza
que existe hoy en día, ya que en el año 1812 todo estaba enfocado a los conocimientos
sobre la Monarquía.
Es importante tener en cuenta el contexto histórico donde
se desarrolla cada Constitución, pues en aquella época gobernaba el liberalismo
y actualmente vivimos en una sociedad democrática, que al igual que el
liberalismo, pone gran interés en que todas las personas adquiramos conocimientos
a través de escuelas públicas.
Se puede decir que el liberalismo, la Ilustración y la
Constitución española de 1812 han servido para hacer que nuestro país haya
progresado en cuanto a la educación y todos podamos desarrollarnos como
personas libres y con derecho a la educación.
BIBLIOGRAFÍA.
http://www.discoverycadiz.es/cadiz/El-pensamiento-ilustrado-en-la-Constitucion-de-1812
http://www.cadiz2012.es/constitucion.asp
http://personal.us.es/alporu/legislacion/constitucion_1812_educacion.htm
http://www.juntadeandalucia.es/educacion/webportal/web/la-pepa/visitas
http://www.uchbud.es/temas/EcoSoc_sXIX.pdf
http://www.congreso.es/consti/constitucion/indice/titulos/articulos.jsp?ini=27&tipo=2



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